Mi mano derecha tiene bigote,
me acaricia y alecciona,
me enseña, me frena y me empuja,
es fuerte en la acción,
robusta en el consuelo.
Surgió de escuálidos huesos,
tuvo tesón como alimento que ahora exhibe en piel encallada,
para hacerse de la nada.
Mi mano derecha es la inteligencia,
la lucha, el inconformismo,
la siempre lágrima contenida.
Mi mano izquierda entra en mi vida desde temprano,
Mece mi mente, atrae el sueño,
forja mi cuerpo, es mi sustento.
Pura, sensible, inocente y frágil,
ve mis heridas antes de ser vestidas de sangre
y las cubre de emplastos de amor.
Mi mano izquierda es mi abrigo,
es pasión, incondicional entrega,
en mis ojos causa sed que en mi boca cura,
zurce cada mella en mi corazón
con agujas de acero e hilo de algodón,
la siempre lágrima incontenida.
Mis pies nacieron después,
son el camino que queda aún por andar
y serán, al final, mi destino
cuando el camino acabe.
Me sostienen y tensan mis rodillas cuando estás se doblan.
Son valor, coraje,
ingenuidad, utopía,
son límpida alegría.
Paralizan mi baile, si es descoordinado.
Mis pies son asimétricos,
uno es más grande que el otro.
Uno es el abrazo torcido, que otrora lloraba
y hoy, en virtud, alecciona.
El otro es una poción de nieve y miel
que aporta la efervescencia para iluminar mi vida.
Son mis pies y mis manos,
mis manos y mis pies
quienes hacen que yo sea el hombre que quiera ser.
Ejercitan y recomponen el ritmo de mi corazón
si este se atormenta o acelera.
Sus caricias me prometen los sueños deseados
y sus pasos forjan mi voluntad para cumplirlos.
lunes, 23 de enero de 2017
miércoles, 11 de enero de 2017
Sin acuse de recibo
Tu silencio, maldito, hace parecer que pienses
que no pueda sentir tu lejanía,
pues heme aquí con mi letanía,
deseando ver humo blanco en tus montes.
Nuestro tiempo fue breve, no lo quisiste intenso,
sin embargo, sin querer quererlo,
contemplamos la alborada, pudiste verlo,
cada uno en su horizonte inmenso.
Sentí tus besos, tu piel, tu calor,
acaricié tu alma, tus anhelos, tu pesar, tus miedos,
deseé replicarte, a cada instante, soñé volar al sentir tus dedos,
bailé al escucharte, sonreí al abrazarte, enloquecí con tu olor.
Tu mente es una exclusa en transcición
y no aprecias al servil lazarillo
que incondicional espera tu zarcillo.
No quiero- dirás, has perdido la razón.
Y abandonarás los pinares y el mar,
la tóxica calima, la sal.
Yo desesperaré ante tu ausencia carnal,
pero aún hoy, cerca y en silencio, solo te puedo acezar.
No es la razón lo que he perdido,
la desesperación por tu silencio me empuja a sentir
lo que probablemente no existe, pero intento mentir
a un triste y huérfano corazón, desatendido.
que no pueda sentir tu lejanía,
pues heme aquí con mi letanía,
deseando ver humo blanco en tus montes.
Nuestro tiempo fue breve, no lo quisiste intenso,
sin embargo, sin querer quererlo,
contemplamos la alborada, pudiste verlo,
cada uno en su horizonte inmenso.
Sentí tus besos, tu piel, tu calor,
acaricié tu alma, tus anhelos, tu pesar, tus miedos,
deseé replicarte, a cada instante, soñé volar al sentir tus dedos,
bailé al escucharte, sonreí al abrazarte, enloquecí con tu olor.
Tu mente es una exclusa en transcición
y no aprecias al servil lazarillo
que incondicional espera tu zarcillo.
No quiero- dirás, has perdido la razón.
Y abandonarás los pinares y el mar,
la tóxica calima, la sal.
Yo desesperaré ante tu ausencia carnal,
pero aún hoy, cerca y en silencio, solo te puedo acezar.
No es la razón lo que he perdido,
la desesperación por tu silencio me empuja a sentir
lo que probablemente no existe, pero intento mentir
a un triste y huérfano corazón, desatendido.
sábado, 31 de diciembre de 2016
Feliz día Feliz
En un día como hoy la mitad de la sociedad amanece con ilusión y una sonrisa en la cara, la otra mitad amanece expectante del devenir del día donde nos preparamos para la reencarnación, a la caza de los sueños de otros para incorporarlos a nuestro armario espiritual.
Hoy todo se comparte, y no es que seamos más felices, es que ponemos en común la felicidad y empatizamos con nuestro entorno, la absorbemos y enarbolamos como propia por el mero hecho de salir de nuestro rincón y darnos a ver y que nos vean.
Hoy buscamos un lugar con ambiente, con bullicio, porque queremos ver sonrisas y hacerlas nuestras, oír cantar y sentirnos que pertenecemos al espíritu que propicia la espontaneidad de la música, beber como invitados de lujo a esta particular fiesta popular que se ofrece para todos.
Hoy es un día donde rejuveneces, piensas que todo va a cambiar, deseas una vida distinta y confías en ello solamente por el mero hecho de un proceso gravitatorio en lo celestial y mecánico en lo material, es sólo una suma de tic y tac.
Al anochecer, cuando hoy desaparezca, dormiremos tratando de evitar ser acompañados por nuestras posibles pesadillas, y al amanecer todo volverá a ser igual, o no, dependerá de cómo hayamos incorporado la felicidad de los demás como propia, de como hayamos buscado la conexión con quienes aportan positividad, optimismo, que irradien vida, ilusión, reconversión continúa. O dependerá de la toxicidad que hayamos inhalado con quienes ennegrecen cada minuto, quienes hoy lo consideran un mero trámite gravitacional de nuestro planeta, de quienes ven una explosión oculta en los tic-tac.
Aprovechad y sonreíd de verdad, apegaos a quienes desprenden luz, ello os aportará la visión y estímulo interior de conseguir el cambio deseado para el próximo año.
La Felicidad copiada, meramente, puede ser germen de la frustración, pero aprender a encontrar la felicidad permitirá gestionar las emociones que puedan descalabrar nuestro autoestima, y para aprender a ser felices, acercaros a quienes lo son.
Hoy no solucionará ningún problema, es un oasis en la monotonía, pero quizás sea el día en que comencemos a realizar el sano ejercicio de pensar en la felicidad, seriamente, y generar nuestro propio cambio para conseguirla.
martes, 27 de diciembre de 2016
La noche eterna
Esta mañana cambié mi recorrido,
busqué tus huellas para seguirte
y encontrarte.
Mirar la perpetuidad del sol
enerva mi mente y la confunde
al pensar que nosotros
somos pasajeros.
Recuerdo tus palabras,
me invitabas a borrarte,
a no sentirte más,
a evitar encuentros extemporáneos,
pero tú te vas...
Y la noche eterna finaliza,
la luz se apaga,
la carne se ablanda
y la humedad se evapora.
El calor abre la puerta al frío,
aunque me aferro a buscar rescoldo
hasta que el tiempo pase,
inerte te deseo en tu isla
y que regreses de nuevo.
Estoy dispuesto a cruzar el mar
y rescatarte, y desamordazarte,
para que vuelvas a iluminar mis ojos,
henchir mi pecho,
mojar mis labios,
atar mis manos
y liberar mi mente
del recuerdo de la miel salada
que me diste a probar
y de la que no encuentro antídoto.
Sueño con ser como el sol perpetuo,
esperar, de nuevo, a ser inmortales,
hasta el final de nuestro aliento,
aunque dudo si soñarte
me ayudará a esperarte y encontrarte,
puede ser mi veneno o mi alimento.
busqué tus huellas para seguirte
y encontrarte.
Mirar la perpetuidad del sol
enerva mi mente y la confunde
al pensar que nosotros
somos pasajeros.
Recuerdo tus palabras,
me invitabas a borrarte,
a no sentirte más,
a evitar encuentros extemporáneos,
pero tú te vas...
Y la noche eterna finaliza,
la luz se apaga,
la carne se ablanda
y la humedad se evapora.
El calor abre la puerta al frío,
aunque me aferro a buscar rescoldo
hasta que el tiempo pase,
inerte te deseo en tu isla
y que regreses de nuevo.
Estoy dispuesto a cruzar el mar
y rescatarte, y desamordazarte,
para que vuelvas a iluminar mis ojos,
henchir mi pecho,
mojar mis labios,
atar mis manos
y liberar mi mente
del recuerdo de la miel salada
que me diste a probar
y de la que no encuentro antídoto.
Sueño con ser como el sol perpetuo,
esperar, de nuevo, a ser inmortales,
hasta el final de nuestro aliento,
aunque dudo si soñarte
me ayudará a esperarte y encontrarte,
puede ser mi veneno o mi alimento.
domingo, 25 de diciembre de 2016
Noli me tangere
A mi hermano.
Lo siento, no os vi venir, versos tristes
que hoy me lleváis de la mano
¿Dónde?
Tranquila, no te estrellaremos
contra el olvido.
Pero despacio, mis piernas están anquilosadas
siento que se me parten los tallos,
cigüeña amputada.
Lo siento, a tí tampoco te vi venir,
cerco de sudor que dibujaba su jugo salado
y anoche, en mis sienes, clavé.
Pero dejadme,
No quiero caminar,
Violación poética,
Insulto de voluntad.
Dejádme en paz, dejadme... malditos hijos.
Ahora tengo la cabeza
pegada a un espejo roto.
Mírate en él y descubre tu realidad
eres parte infinita de un todo quebrado.
Ahora tengo un muerto pegado al alma;
se rajó con un cristal.
Lo siento, no la ví venir
atmósfera que dejó tras de sí
humedad,
Invernadero,
cueva callada.
Allí le busqué intentando marcar
mi territorio en sus esquinas como
un perro viudo de luna, pero en tu perfecta circunferencia, resbalé,
sería la humedad.
Por favor, por favor, dejadme
¿No me veis casi desnuda y ensangrentada?
Con el disfraz de ser persona
puedo crear el arte de la mentira
y vosotros, versos desarraigados
Me abrís entera, separáis las aguas
y me recogéis en medio.
Ingenuos, creéis que soy la virtud.
Ya te hemos descubierto, sucia desnudez,
calle trasnochada lamida por la soledad,
ahora sólo puedes decir la verdad.
¿Cuál de ellas? ¿La que él me enseñó?
Esa es la del frío te quiero,
Lo carnal del te deseo,
Lo sumiso del decirte no te vayas
y lo triste del adormecimiento,
entre mis brazos aunque no lo acunara.
¡Compadeceos de mí!
Noli me tangere.
Mirad que mi alma, al recordarlo,
se revuelve en sí misma,
Casa de derribo,
luna que tiembla en el chaleco que apedreas.
Ahora debes desaparecer,
has expulsado tu esencia en este estornudo,
O seguir embriagándote para olvidar que bebes.
¡Malditos hijos... callaos!
De tanto dialogar
Mi boca es una flor machacada.
Lo siento, no os vi venir, versos tristes
que hoy me lleváis de la mano
¿Dónde?
Tranquila, no te estrellaremos
contra el olvido.
Pero despacio, mis piernas están anquilosadas
siento que se me parten los tallos,
cigüeña amputada.
Lo siento, a tí tampoco te vi venir,
cerco de sudor que dibujaba su jugo salado
y anoche, en mis sienes, clavé.
Pero dejadme,
No quiero caminar,
Violación poética,
Insulto de voluntad.
Dejádme en paz, dejadme... malditos hijos.
Ahora tengo la cabeza
pegada a un espejo roto.
Mírate en él y descubre tu realidad
eres parte infinita de un todo quebrado.
Ahora tengo un muerto pegado al alma;
se rajó con un cristal.
Lo siento, no la ví venir
atmósfera que dejó tras de sí
humedad,
Invernadero,
cueva callada.
Allí le busqué intentando marcar
mi territorio en sus esquinas como
un perro viudo de luna, pero en tu perfecta circunferencia, resbalé,
sería la humedad.
Por favor, por favor, dejadme
¿No me veis casi desnuda y ensangrentada?
Con el disfraz de ser persona
puedo crear el arte de la mentira
y vosotros, versos desarraigados
Me abrís entera, separáis las aguas
y me recogéis en medio.
Ingenuos, creéis que soy la virtud.
Ya te hemos descubierto, sucia desnudez,
calle trasnochada lamida por la soledad,
ahora sólo puedes decir la verdad.
¿Cuál de ellas? ¿La que él me enseñó?
Esa es la del frío te quiero,
Lo carnal del te deseo,
Lo sumiso del decirte no te vayas
y lo triste del adormecimiento,
entre mis brazos aunque no lo acunara.
¡Compadeceos de mí!
Noli me tangere.
Mirad que mi alma, al recordarlo,
se revuelve en sí misma,
Casa de derribo,
luna que tiembla en el chaleco que apedreas.
Ahora debes desaparecer,
has expulsado tu esencia en este estornudo,
O seguir embriagándote para olvidar que bebes.
¡Malditos hijos... callaos!
De tanto dialogar
Mi boca es una flor machacada.
domingo, 18 de mayo de 2014
35 renglones
Él la mira de reojo, trata de saber dónde está
Ella se deja buscar, se coloca donde pueda ser vista.
Él asiente y saluda,
Ella sonríe.
Él se acerca,
Ella evita alejarse.
Suenan las campanas.
Él se despierta,
Ella llevaba observándolo desde que salió el sol.
Él toca sus mejillas,
Ella se funde en Él.
Se escuchan llantos.
Ella extiende el brazo y lo mece,
Él recoge un oso de peluche de sus pies.
Ella palía la fiebre,
El se debate entre unos pucheros y una cuchara con verduras.
Ella vuelve a la escuela,
Él asiste a los partidos infantiles.
Uno, dos, tres.
Él pone una hora,
Ella desliza unas monedas de más en los bolsillos.
Él espera en el sillón hasta las dos,
Ella no duerme hasta el regreso.
Él pide las notas,
Ella anima a que sigas.
Él te dice que la olvides,
Ella a que vivas con ello y te superes.
No se escuchan llantos, lápices, juguetes, pucheros, ni pisadas de madrugada.
Tres, dos, uno, cero...
Él no puede verla,
Ella no lo escucha.
Él extiende el brazo para tocarla,
Ella no lo reconoce y lo rechaza.
Él la llama,
Ella ya no está.
Rosebud nunca existió
"El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive
sólo una vida y no tiene modo de compararlo con sus vidas precedentes ni
enmendarla en sus vidas posteriores"
La Insoportable
Levedad del Ser. Milan Kundera
Recuerdo la primera
vez que tuve que enfrentarme a la gestión del fracaso.
Dibujaba mi futuro con el consuelo de
encontrar un tapón para aquel sumidero por el que me vaciaba. La luz entrando
por la ventana, el misterio que las sombras hacían de la pared un mosaico
indescifrable. Quería ver unas líneas familiares de torso sin cabeza, de
sábanas arrugadas, recogidas. Quería oler la espuma sobre la que dormía con ese
aroma infantil y trazos irregulares color caoba.
Sin embargo, los ojos
obturados por el rocío, que tanto me cuesta desprender, me descubrieron en el
más absoluto desorden, con un mísero silencio perpetuo que se congelaba en
aquella estancia solitaria.
Traté de convencerme de que el tiempo pasivo,
en sí, sólo deterioraba el alma, y la mente comenzaría un anquilosamiento
peligroso que me haría perder la identidad que hasta entonces había construido
mi estructura vital.
Comencé, entonces, a
caminar con un jeroglífico mapa como apoyo, en el que no había senderos claros
sobre los que guiarme. La reinvención, denominé a este nuevo proyecto de
auto-reconstrucción. Desmembré mi rostro del vello característico que, años
atrás, me había identificado. Apagué los punzones amarillos que me clavaba diariamente
en mis pulmones y calmé mi ansiedad con el líquido meloso que serena la
inquietud del impaciente actor deseoso por salir a escena.
Pensé que componer
trazos verbales endecasílabos cavaba la fosa de la inactividad y prendí fuego a
todos aquellos pensamientos en un sencillo ritual, carente de los detalles
originales que pudieran evocar recuerdos románticos de la historia que
desaparecería entre las llamas.
Fue entonces cuando,
en esa creación de un nuevo camino, comencé a venderme, a intercambiarme en un
mercado en el que, a cambio de sentimientos, efímeros, compartía instantes de
excitación, hiperventilación y espasmos que paliaban mi ansiedad por
encontrarme.
Como un drogadicto tratando de evadirse de
su realidad en un relámpago de aluminio, empecé a incrementar las dosis de
banalidad, forjando lo que, pensaba, sería mi experiencia vital, mi aprendizaje
en el desarrollo de un destino. Hasta tal punto llegó la dejación por mi mismo
que los sentimientos más ínfimos cesaron, y fui consciente de tal frialdad
cuando en la construcción del nuevo camino desdeñé encuentros que amparaban un
jardín de sentidos, llamando a mi puerta y esta no abrirse por encontrarse
herméticamente sellada, con un blindaje impuro, lleno de asperezas sustentadas en
un marco escéptico.
Huí, me trasladé y
comencé de nuevo. Bajo el paraguas de la creencia en un ser pasado, que quería
trasladar al presente, confiaba en acaparar en un breve espacio de tiempo, la
atracción suficiente como para construir un nuevo yo. Sobre una nueva ciudad
esperanzaba trazar las líneas conexas sobre las que sustentar un camino de
futuro estable.
Cien días después,
vuelvo a tener el sol despertándome con el mismo sentimiento de aspereza, en un
cubículo, nuevo, desordenado y arando, durante demasiado tiempo, un trigal
sembrado sobre tierra yerma.
Puedo pensar, y debo, en relativizar tanto
el pasado como el presente, dedicando la profundidad al momento idóneo, cuando
llegue. Es el primer trazo para un boceto que se vestirá de óleo, pero
empezando a pensar que Rosebud jamás existió...
lunes, 30 de diciembre de 2013
Telón y Oscuro
Comienzan las primeras notas del piano. En lo alto del escenario Ramón comienza con la introducción. Un foco surge de entre la oscuridad de la sala iluminando sus manos, un enfoque estrecho muestra los dedos temblorosos discurriendo por las teclas. La luz se abre como el sol en un amanecer y se refleja en su cabello largo y rubio. Los dedos pulsan firmes pero su camisa,blanca y ancha, tiembla como si una corriente de aire lo azuzara. A los veinte segundos ocho focos, de luz tenue, descubren 8 rostros que entonan: "quinientos veintisiete mil cuarenta minutos, quinientas veintisiete mil horas de paz...". Despacio, de entre el público, Paul, JuamPa, Belén, Sergio, Fer, Carmen, Dani y Victoria se acercan al pasillo principal, rodean el escenario y cogidos de la mano continúan la canción: "¿cómo se mide el año que fue?, ¿Qué tal con amor?, ¿qué tal con amor?, ¿qué tal con amor?. Ciclos de amor..."
Desde el lateral derecho, Manu nos avisa de que debemos empezar a subir, por ambos laterales, de uno en uno, encontrándonos arriba el resto de compañeros, abrazándonos, besándonos, sin que cese la canción. De un extremo Álvaro asciende al centro del escenario, donde se encuentra con Mamá Rocío, se miran, se abrazan y agarrados de la mano, con la mirada al frente, cegados por los focos, ofrecen un beso al vacío, donde el público es imperceptible. Pero de entre la luz cegadora encuentran los ojos de Aaron y Nono, que expectantes sienten como un batallón de hormigas les suben desde los pies hasta los ojos, donde vierten el rocío de la emoción que discurre por sus mejillas. Mientras, en el escenario, aparecen Violeta y María, se funden en un abrazo y se agarran de las manos de los compañeros que los esperan en el escenario. Inés y Mercedes, Rocío y Ángel, Cristina, Esther, Pedro, Rafa y Manu completan una fila de voces compungidas que, con las manos entrelazadas, tratan de mantener la voz acompasada con la música, continuando con la canción: "ya es hora, escucha, esta historia sin final. Ven y compartiremos un año en nuestra amistad". Al fondo, en lo oscuro, empujando las voces de sus compañeros, Alberto, Alex, Javi y Suso, elevan el corazón de los cantantes con sus instrumentos.
Mientras tanto, Fer, Belén, Sergio, JuamPa, Dani, Victoria, Carmen y Paul suben a reunirse con el coro, entonando las estrofas finales:"Aquí tu y yo, tan sólo aquí, cede al amor, o teme por vivir. No hay elección, no hay opción, NO HAY MÁS QUE HOY...". La última frase emana de los labios de todo el grupo, que poco a poco se van desprendiendo de sus personajes. El pecho henchido se expande en cada "no hay más que hoy". Las miradas se cruzan con cada letra de esa frase, que se repite una y otra vez, encumbrada con los acordes de los músicos que le imprimen mayor ritmo, se incrementa el tono y la sala se impregna de voces cada vez más elevadas como defensa ante la emoción que envuelve sus cuerpos, las manos aferradas,unas a otras, los empujan a entonar el último "NO HAY MÁS QUE HOY", donde la palabra "hoy" se perpetúa hasta donde el aire aguanta en sus pulmones.
La música cesa, los cuerpos se abrazan, se besan, enjugan sus lágrimas rozando sus mejillas, unos con otros, todos con todos, felices por el final, emocionados porque ese final no es más que el principio. No hizo falta público, no necesitaron aplausos, sólo el deseo de escuchar, durante este año, las palabras "telón y oscuro" para vivir innumerables veces la emoción del teatro.
martes, 12 de noviembre de 2013
Al final del túnel
Cuando los cambios se desarrollan acompasados de armonía, la ilusión con la que se afronta el cambio es tan sublime que vives en una atmósfera tan fresca que no deseas que se acabe. Esperas que, además, el cambio se comporte tan placentero como la transición al mismo.
Sin embargo, cuando el cambio transcurre rodeado de circunstancias que frenan la ilusión, la llegada del cambio no la ves ya como una mera meta, sino como una necesidad.
Si eres capaz de afrontar los cambios, que te reportarán felicidad, pero que transcurren con trampas de heces, tendrás la virtud de ver el árbol y el bosque, muy a tu favor para actuar.
Esta mañana tuve miedo, mucho miedo. Últimamente veo muchos fantasmas, será que el futuro próximo es halagüeño y temo no alcanzarlo, por tercera vez este año, sin salir indemne, pero tratando de relativizar pienso que hoy sólo he pisado otra boñiga más en este camino de cabras que desemboca en el asfalto.
¿Por qué he perdido el miedo? Porque lo peor que me puede pasar es nada... Visto desde esta perspectiva pragmática, lo único que puedes hacer es esperar, como estoy esperando, a que todo termine, aún cuando cada poco tiempo tengo que lidiar con la mediocridad, naturalmente, representada en persona. Voy a pensar, y pienso, que las tristeza no me debe, ni puede, inundar por la inmundicia vital de otro, allá el/ella con su devenir habitual, el resultado es el que es, a cada zancadilla encontrada, veo un trampolín.
Estoy deseando de que todo acabe y todo comience, a veces con una postura radical, equivocada, que posteriormente me empuja a la tranquilidad, al equilibrio, al acto cauto. Brindaré cuando llegue a casa y salga de esta pocilga, brincaré cuando me aleje, a ser posible en un escenario mullido de arena fina y blanca, gritaré sin preocuparme de que me escuchen, aliviando estos pulmones encharcados en alquitrán, con los exabruptos que me plazacan, me tomaré la licencia de elegir lo que digo.
Y si lo que veo a lo lejos no es lo que espero, no importa, el camino a la felicidad está trazado, es cuestión de seguirlo, sin miedo. Lo único que quiero es dejar atrás parte del presente, que fue un pasado erróneo y que no volverá.
Buscando el cambio se encuentra, la pasividad que adormece, te conforma y te mata lentamente. La búsqueda del cambio no es un ejercicio fácil, sobre todo cuando su desarrollo no es armonioso, pero a cada zancadilla, un movimiento de zig-zag y a seguir andando.
Me hubiera gustado que fuese más fácil, pero tal vez me habría dejado mucho por aprender.
lunes, 28 de octubre de 2013
La Química del Amor
“Uno debería vivir siempre enamorado. Por eso no debería casarse”
Oscar Wilde
(Extracto de un artículo publicado en 2010, no he logrado encontrar la fuente original).
El estado de embriaguez amorosa inicial no es sostenible en el tiempo. En eso los científicos están de acuerdo puesto que ningún organismo sería capaz de soportar tal éxtasis de forma permanente. Sin embargo, aunque la excitación tienda a relajarse, el amor romántico sí puede perdurar.
Oscar Wilde
“Hay dos cosas que el hombre no
puede ocultar: que está borracho y que está enamorado”
Antífanes -388-311 a .
C
Antífanes -388-
(Extracto de un artículo publicado en 2010, no he logrado encontrar la fuente original).
El estado de embriaguez amorosa inicial no es sostenible en el tiempo. En eso los científicos están de acuerdo puesto que ningún organismo sería capaz de soportar tal éxtasis de forma permanente. Sin embargo, aunque la excitación tienda a relajarse, el amor romántico sí puede perdurar.
1-. Como el primer día
En 2011, la neurocientífica Lucy L. Brown, del Albert Einstein College of Medicine, describió junto a Helen Fisher lo que sucede en el cerebro de parejas con relaciones de largo recorrido. “Nos centramos en aquellas personas que decían estar enamoradas como los primeros meses, aunque llevaban juntas diez años o incluso más”, explica Brown a SINC.
El estudio, titulado 'Correlaciones neurales del amor romántico intenso de larga duración', es el primero que investiga las implicaciones que tiene este tipo de amor duradero en el sistema nervioso.
Diferentes teorías apuntaban a que no era posible que la intensidad del amor se prolongara en el tiempo. El cuidado de los hijos podía apagar la llama de la pareja, o bien el amor, con el paso de los años, se transformaba en una amistad profunda entre ambos, sin necesidad de que existiera deseo sexual. El mismo Sigmund Freud especuló con que la pasión en relaciones largas respondía a una patología o a una sobreidealización por parte de uno de los dos miembros.
“Sin embargo, otras teorías sugieren que podría haber mecanismos con los que el amor podría sostenerse en el tiempo en una relación”, destacan las autoras en su estudio. Para averiguarlo, escogieron a diez hombres y siete mujeres casados durante una media de 20 años. A todos ellos les sometieron a una resonancia magnética, y dentro del escáner les mostraron imágenes de sus parejas, de amigos íntimos, de familiares cercanos y de parientes lejanos.
Los resultados mostraron que cuando veían la imagen de su pareja, su cerebro se comportaba de forma similar al de las personas recién enamoradas, al activarse las regiones que fabrican dopamina, situadas principalmente en el área ventral tegmental. Además, también se excitaban las regiones asociadas con el apego maternal y la amistad.
El hallazgo de que la dopamina tuviera también un papel importante en esta fase les sorprendió por lo que entrañaba. Esta hormona es la responsable de la euforia, tan común en el comienzo de las relaciones, y es un neurotransmisor que regula el sistema de recompensa, encargado de que respondamos a estímulos que causan placer o desagrado.
“Los resultados sugieren que el sistema de recompensa que se activa en determinadas parejas duraderas se puede prolongar en el tiempo como ocurre con un nuevo amor, pero también está relacionado con los sistemas implicados en el apego y el emparejamiento”, apuntan en el estudio.
2-. El termómetro del afecto
Otra de las hormonas que se disparan cuando el amor campa a sus anchas por el cerebro es la oxitocina. Entre otras cosas, es la responsable del cariño entre padres e hijos y del afecto entre las parejas, y por eso se conoce como la ‘hormona del abrazo’. Según una nueva investigación, sus niveles podrían influir en que una relación fuera más o menos duradera.
Científicos de la Universidad Bar-llan de Israel analizaron las cantidades de oxitocina en sangre de 163 jóvenes. Entre ellos se encontraban 43 personas solteras y 60 parejas de ‘nuevos amantes’, que solo llevaban tres meses de relación. Como esperaban, los valores de oxitocina en las parejas eran superiores a los de los solteros, pero lo sorprendente de la investigación fue otro hallazgo, encontrado seis meses después del comienzo de las observaciones.
“Descubrimos que las parejas con los niveles más altos desde el principio seguían juntas nueves meses después, mientras que las demás habían roto”, señala a SINC Ruth Feldman, investigadora del Centro de Investigación del Cerebro de la Universidad Bar-llan.
Los científicos entrevistaron a las parejas y comprobaron que los niveles de oxitocina estaban relacionados con la reciprocidad de los miembros y también con el afecto, muestras de cariño, compañerismo y la ansiedad y preocupaciones que compartían. Estos rasgos son similares a los que se aprecian en una relación padre e hijo.
Según este estudio, la oxitocina registrada durante los primeros meses podría ser, de algún modo, un indicador de la duración de la relación. Con este dato sobre la mesa no resulta descabellado pensar que si nos suministráramos la hormona de forma externa podríamos aumentar estos niveles y así conseguir que el amor durara para siempre.
Pero Feldman es tajante: “No recomiendo usar oxitocina de forma exógena, mediante inhalación o medicación, para aumentar los niveles y avivar la relación artificialmente”. Y aconseja la opción natural. “Cuando las parejas se tocan más, pasan más tiempo juntas y se prodigan en muestras de afecto, la oxitocina aumenta y es muy positivo para los dos”. Si los niveles bajan porque todo lo anterior falla, “la relación debería terminar”, recomienda.
En 2011, la neurocientífica Lucy L. Brown, del Albert Einstein College of Medicine, describió junto a Helen Fisher lo que sucede en el cerebro de parejas con relaciones de largo recorrido. “Nos centramos en aquellas personas que decían estar enamoradas como los primeros meses, aunque llevaban juntas diez años o incluso más”, explica Brown a SINC.
El estudio, titulado 'Correlaciones neurales del amor romántico intenso de larga duración', es el primero que investiga las implicaciones que tiene este tipo de amor duradero en el sistema nervioso.
Diferentes teorías apuntaban a que no era posible que la intensidad del amor se prolongara en el tiempo. El cuidado de los hijos podía apagar la llama de la pareja, o bien el amor, con el paso de los años, se transformaba en una amistad profunda entre ambos, sin necesidad de que existiera deseo sexual. El mismo Sigmund Freud especuló con que la pasión en relaciones largas respondía a una patología o a una sobreidealización por parte de uno de los dos miembros.
“Sin embargo, otras teorías sugieren que podría haber mecanismos con los que el amor podría sostenerse en el tiempo en una relación”, destacan las autoras en su estudio. Para averiguarlo, escogieron a diez hombres y siete mujeres casados durante una media de 20 años. A todos ellos les sometieron a una resonancia magnética, y dentro del escáner les mostraron imágenes de sus parejas, de amigos íntimos, de familiares cercanos y de parientes lejanos.
Los resultados mostraron que cuando veían la imagen de su pareja, su cerebro se comportaba de forma similar al de las personas recién enamoradas, al activarse las regiones que fabrican dopamina, situadas principalmente en el área ventral tegmental. Además, también se excitaban las regiones asociadas con el apego maternal y la amistad.
El hallazgo de que la dopamina tuviera también un papel importante en esta fase les sorprendió por lo que entrañaba. Esta hormona es la responsable de la euforia, tan común en el comienzo de las relaciones, y es un neurotransmisor que regula el sistema de recompensa, encargado de que respondamos a estímulos que causan placer o desagrado.
“Los resultados sugieren que el sistema de recompensa que se activa en determinadas parejas duraderas se puede prolongar en el tiempo como ocurre con un nuevo amor, pero también está relacionado con los sistemas implicados en el apego y el emparejamiento”, apuntan en el estudio.
2-. El termómetro del afecto
Otra de las hormonas que se disparan cuando el amor campa a sus anchas por el cerebro es la oxitocina. Entre otras cosas, es la responsable del cariño entre padres e hijos y del afecto entre las parejas, y por eso se conoce como la ‘hormona del abrazo’. Según una nueva investigación, sus niveles podrían influir en que una relación fuera más o menos duradera.
Científicos de la Universidad Bar-llan de Israel analizaron las cantidades de oxitocina en sangre de 163 jóvenes. Entre ellos se encontraban 43 personas solteras y 60 parejas de ‘nuevos amantes’, que solo llevaban tres meses de relación. Como esperaban, los valores de oxitocina en las parejas eran superiores a los de los solteros, pero lo sorprendente de la investigación fue otro hallazgo, encontrado seis meses después del comienzo de las observaciones.
“Descubrimos que las parejas con los niveles más altos desde el principio seguían juntas nueves meses después, mientras que las demás habían roto”, señala a SINC Ruth Feldman, investigadora del Centro de Investigación del Cerebro de la Universidad Bar-llan.
Los científicos entrevistaron a las parejas y comprobaron que los niveles de oxitocina estaban relacionados con la reciprocidad de los miembros y también con el afecto, muestras de cariño, compañerismo y la ansiedad y preocupaciones que compartían. Estos rasgos son similares a los que se aprecian en una relación padre e hijo.
Según este estudio, la oxitocina registrada durante los primeros meses podría ser, de algún modo, un indicador de la duración de la relación. Con este dato sobre la mesa no resulta descabellado pensar que si nos suministráramos la hormona de forma externa podríamos aumentar estos niveles y así conseguir que el amor durara para siempre.
Pero Feldman es tajante: “No recomiendo usar oxitocina de forma exógena, mediante inhalación o medicación, para aumentar los niveles y avivar la relación artificialmente”. Y aconseja la opción natural. “Cuando las parejas se tocan más, pasan más tiempo juntas y se prodigan en muestras de afecto, la oxitocina aumenta y es muy positivo para los dos”. Si los niveles bajan porque todo lo anterior falla, “la relación debería terminar”, recomienda.
3-. La prueba de los 40 meses
Comparar la actividad cerebral de parejas que siguen juntas con otras que han roto pasados 40 meses también puede servir para analizar si lo que ocurre en la mente influye en la estabilidad de la relación. Una investigación dirigida por el Alpert Medical School de la Universidad Brown (Estados Unidos) analizó esta actividad mediante resonancia magnética en 18 parejas que acababan de comenzar.
Cuando pasaron 40 meses, los investigadores volvieron a contactar con ellas para saber si seguían o no juntas y compararon los escáneres previos. De las 12 parejas que volvieron a responder, seis habían roto y las otras seis seguían juntas.
Los escáneres de aquellas que permanecían unidas mostraron que, al principio, en sus cerebros las zonas relacionadas con el amor romántico, como es el núcleo caudado, se activaban con mayor intensidad respecto a las de las parejas que rompieron 40 meses después.
Del mismo modo, otras zonas que se ‘apagan’ o desactivan cuando empieza el romance, como la corteza orbitofrontal –relacionada con la toma de decisiones–, se apagaban en mayor medida en aquellas parejas que seguían juntas después de este período de tiempo.
“Esto sugiere que las respuestas cerebrales experimentadas en los comienzos de la relación podrían estar relacionadas con la estabilidad de las parejas”, indica a SINC Bianca Acevedo, psicóloga del Weill Cornell Medical College (Estados Unidos) y una de las autoras del estudio.
5-. Esfuerzo al cuadrado
Resonancias magnéticas y análisis hormonales muestran que lo que ocurre en el cerebro influye en la duración del amor pero, ¿eso basta para explicar el alto índice de rupturas en el mundo occidental? El matemático de la Universidad Complutense de Madrid José-Manuel Rey Simó decidió abordar este problema social desde un punto de vista matemático. “Algo que se produce de forma tan sistemática no puede obedecer a causas muy diversas”, afirma a SINC. Y tradujo el fenómeno en un sistema de ecuaciones diferenciales, publicado en 2010 en la revistaPLoS ONE.
La base de la ecuación es la segunda ley de la termodinámica: si un cuerpo deja de recibir calor, se enfría y, para evitarlo, hace falta un aporte externo de energía. Estableció una analogía para el caso de las parejas, dejando claro que funciona “solo como un paralelismo, no como una verdadera ley física de los sentimientos”, donde las variables de la ecuación serían dos: la sensación amorosa –que correspondería con la energía interna del sistema– y el esfuerzo que hace la pareja para que esa sensación dure a lo largo del tiempo –la transferencia externa de calor–.
“Las parejas no tienen acceso a aumentar de forma directa la sensación amorosa, pero sí pueden hacerlo si incrementan el esfuerzo”, añade el matemático. La pregunta es, ¿cuánto esfuerzo hay que poner para que una pareja sea feliz pasados los efluvios del enamoramiento inicial? “El modelo matemático indica que el nivel de esfuerzo en una relación es siempre superior al que nos gustaría”, reconoce Rey Simó. Y varía en función de cada pareja.
Con este esfuerzo extra, las matemáticas y las neurociencias coinciden en que lograr un amor para siempre es difícil, pero no imposible. “Contrario a lo que se cree, el amor romántico en las relaciones largas es un fenómeno real”, subraya Bianca Acevedo. Argumentos científicos existen pero a nadie se le escapa que la ciencia no puede responder a todo. Como reconoció el matemático francés Blaise Pascal, el corazón tiene razones que la razón [o la ciencia] no entiende.
6-. Contra la inercia negativa
Para acabar de complicar la situación, en el modelo matemático de las relaciones sentimentales formulado por José-Manuel Rey Simó, el sistema es inestable y su propia inercia es negativa, lo que traducido a una relación significa que si una pareja deja de esforzarse y luego quiere retomarlo, es muy posible que no llegue a remontar.
“Ese plus de esfuerzo necesario unido a la inercia de la dejadez provoca que las parejas tiendan a esforzarse menos de modo paulatino, lo que trae como consecuencia que la variable de la sensación amorosa se desplome”, asegura el matemático. Pero esto no ocurre de un día para otro. “Las parejas no suelen romper de forma brusca, salvo por algún suceso traumático, sino que se trata de un proceso de descomposición paulatino, un deterioro que también se refleja en el modelo matemático”, señala Rey Simó.
Y el esfuerzo se puede interpretar tanto en cantidad como en calidad, entendido como hacer cosas que nos desagradan pero que le gustan a la otra persona o aumentar la frecuencia de determinadas actividades que puedan ser positivas para los dos. Apostar por la novedad también ayuda porque está demostrado que las sorpresas aumentan los niveles de dopamina, lo que contribuye a mantener vivo el éxtasis romántico.
Comparar la actividad cerebral de parejas que siguen juntas con otras que han roto pasados 40 meses también puede servir para analizar si lo que ocurre en la mente influye en la estabilidad de la relación. Una investigación dirigida por el Alpert Medical School de la Universidad Brown (Estados Unidos) analizó esta actividad mediante resonancia magnética en 18 parejas que acababan de comenzar.
Cuando pasaron 40 meses, los investigadores volvieron a contactar con ellas para saber si seguían o no juntas y compararon los escáneres previos. De las 12 parejas que volvieron a responder, seis habían roto y las otras seis seguían juntas.
Los escáneres de aquellas que permanecían unidas mostraron que, al principio, en sus cerebros las zonas relacionadas con el amor romántico, como es el núcleo caudado, se activaban con mayor intensidad respecto a las de las parejas que rompieron 40 meses después.
Del mismo modo, otras zonas que se ‘apagan’ o desactivan cuando empieza el romance, como la corteza orbitofrontal –relacionada con la toma de decisiones–, se apagaban en mayor medida en aquellas parejas que seguían juntas después de este período de tiempo.
“Esto sugiere que las respuestas cerebrales experimentadas en los comienzos de la relación podrían estar relacionadas con la estabilidad de las parejas”, indica a SINC Bianca Acevedo, psicóloga del Weill Cornell Medical College (Estados Unidos) y una de las autoras del estudio.
5-. Esfuerzo al cuadrado
Resonancias magnéticas y análisis hormonales muestran que lo que ocurre en el cerebro influye en la duración del amor pero, ¿eso basta para explicar el alto índice de rupturas en el mundo occidental? El matemático de la Universidad Complutense de Madrid José-Manuel Rey Simó decidió abordar este problema social desde un punto de vista matemático. “Algo que se produce de forma tan sistemática no puede obedecer a causas muy diversas”, afirma a SINC. Y tradujo el fenómeno en un sistema de ecuaciones diferenciales, publicado en 2010 en la revistaPLoS ONE.
La base de la ecuación es la segunda ley de la termodinámica: si un cuerpo deja de recibir calor, se enfría y, para evitarlo, hace falta un aporte externo de energía. Estableció una analogía para el caso de las parejas, dejando claro que funciona “solo como un paralelismo, no como una verdadera ley física de los sentimientos”, donde las variables de la ecuación serían dos: la sensación amorosa –que correspondería con la energía interna del sistema– y el esfuerzo que hace la pareja para que esa sensación dure a lo largo del tiempo –la transferencia externa de calor–.
“Las parejas no tienen acceso a aumentar de forma directa la sensación amorosa, pero sí pueden hacerlo si incrementan el esfuerzo”, añade el matemático. La pregunta es, ¿cuánto esfuerzo hay que poner para que una pareja sea feliz pasados los efluvios del enamoramiento inicial? “El modelo matemático indica que el nivel de esfuerzo en una relación es siempre superior al que nos gustaría”, reconoce Rey Simó. Y varía en función de cada pareja.
Con este esfuerzo extra, las matemáticas y las neurociencias coinciden en que lograr un amor para siempre es difícil, pero no imposible. “Contrario a lo que se cree, el amor romántico en las relaciones largas es un fenómeno real”, subraya Bianca Acevedo. Argumentos científicos existen pero a nadie se le escapa que la ciencia no puede responder a todo. Como reconoció el matemático francés Blaise Pascal, el corazón tiene razones que la razón [o la ciencia] no entiende.
6-. Contra la inercia negativa
Para acabar de complicar la situación, en el modelo matemático de las relaciones sentimentales formulado por José-Manuel Rey Simó, el sistema es inestable y su propia inercia es negativa, lo que traducido a una relación significa que si una pareja deja de esforzarse y luego quiere retomarlo, es muy posible que no llegue a remontar.
“Ese plus de esfuerzo necesario unido a la inercia de la dejadez provoca que las parejas tiendan a esforzarse menos de modo paulatino, lo que trae como consecuencia que la variable de la sensación amorosa se desplome”, asegura el matemático. Pero esto no ocurre de un día para otro. “Las parejas no suelen romper de forma brusca, salvo por algún suceso traumático, sino que se trata de un proceso de descomposición paulatino, un deterioro que también se refleja en el modelo matemático”, señala Rey Simó.
Y el esfuerzo se puede interpretar tanto en cantidad como en calidad, entendido como hacer cosas que nos desagradan pero que le gustan a la otra persona o aumentar la frecuencia de determinadas actividades que puedan ser positivas para los dos. Apostar por la novedad también ayuda porque está demostrado que las sorpresas aumentan los niveles de dopamina, lo que contribuye a mantener vivo el éxtasis romántico.
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