domingo, 26 de febrero de 2017

Rosa sin espinas

"A mi querida melliza Sonia"

No desearé el calor de tu vientre,
no pisarás mis deseos,
ni besarás las palabras,
tiernas a la sazón,
para dormir en tu almohada.

Pero eres el atardecer abrigado,
espoleas mi sonrisa,
mano tendida sin aviso
salvando el impar.

No te prometeré el sudor de la noche,
ni te sembraré en otoño
para cortar tu flor en primavera,
no te eternizaré en un ejército de hormigas
que cosquilleen tu piel.

Pero traes madera para cruzar los baches,
tu tierra es llana,
un sendero de ternura.
Tus palabras son anillos sin compromiso
y tus horas son eslabones engarzados.

No comerás para dos por mí,
ni brindaremos con manteles de campanas,
no habrá baile bajo lámparas de lágrimas,
ni lágrimas de reconciliación,
ni nata al punto de miel,
no habrá desfile de rosas blancas.

Pero pasearemos nuestras canas
cogidos de la mano,
como dos palomas blancas que se buscan
y se posan en el árbol de la vida
sin etiquetas en nuestros trajes de plumas.

Ni carne, ni pescado,
dos amantes retirados,
ni gozo, ni pecado,
pero el mismo amor replicado
sin alcoba de cuerpos agotados,
simplemente amor al fin y al cabo.

miércoles, 15 de febrero de 2017

El amor al amanecer

"Eso, así, ¿ves como aprendes?  Así, a golpes y a caricias... así somos los hombres: duros y amantes... ¿sabes lo que repetía el Torlonio? Esto: La mejor vida, Bruno, andar a cuchilladas por una hembra"
                                                                                                 La sonrisa Etrusca. José Luis Sampedro.

   
      En un día como hoy amanezco sin susurros, ni pelos enmarañados, sin ojos del amanecer, sin la cara planchada, ni almohada doblada.
En un día como hoy amanezco sin regalos, ni un sol con serpentinas al atravesar las cortinas, sin olor a chocolate caliente, ni pan quemado.
En un día como hoy amanezco sin un beso arrugado, ni ojos brillantes con montura cabalgando por mi rostro, sin una voz poderosa confundiendo mi nombre.

     Recuerdo soñar que soñaba en aquella cama, protegido por un escudo de mantas, en el sonido de la sirena que me obligaba a mirar una pizarra, al abrir los ojos veía que en lugar de pizarra, un armazón de madera, con tiradores de bronce, la sustituía, y quien atravesaba la puerta era una sonrisa tierna, de dientes con muletas y caminar lento, desacompasado, con gorro de carne y bufanda blanca sobre las orejas.
Recuerdo el calor del brasero, en el sofá central, desayunar entre las dos columnas quebradas de Hércules, mi tazón de leche endulzada en el infierno. La mancha en la camisa al sorber el pan sopado, la servilleta temblorosa en mi mejilla y el beso que lo acompasaba.
Recuerdo que caminar de la mano era caminar protegido, que la ciudad era grande, que al pasear me cruzaba con gigantes, pero no tenía miedo, me acompañaba don Quijote. 

     A lomos de su caballo carrozado nos aventurábamos en el mercado viejo, de carritos de mano y voces anunciadoras de la frescura de la huerta; nos trasladábamos al mercado nuevo, de carros con monedas, de voces y huertos enlatados. 
Nos aventurábamos en el campo y aplastaba con mis pequeños pies los terrones de tierra, lanzaba aceitunas al río, observaba los lienzos de paisajes en óleo, olía a la madera cortada, al portal de belén adornado con musgo y cortezas de olivo.
Al llegar el medio día regresábamos a lomos de un Rocinante de fiesta con tos y humo de carbonero. Nos recibía una sonrisa perfecta, de perlas desfilando en correcta armonía, de hilos de oro en estudiada conjunción y manos bienolientes de jabón perfumado en rosas.

     Vuelta al sofá central, vuelta a ser flanqueado por dos leones envejecidos, vuelta al plato hirviente, albóndigas infernales de sabor celestial. Mi estómago me adormece, las manos perfumadas me acurrucan y los labios agrietados me bendicen.

     En un día como hoy quisiera amanecer soñando que soñé que aquel recuerdo puedo revivirlo, que en algún momento en el día de hoy tendré como regalo aquellos aromas, aquel calor, el sentimiento de protección, el sonido de su compañía, los diferentes tactos de sus caricias, besos y sus voces tratando de nombrarme.
En un día como hoy no necesito más regalo, compañía, música ni alegría que la generada al cerrar los ojos y trasladarme a aquel momento, así como sentarme a escribir y después leer la transcripción de la vida compartida con mis Abuelos.

lunes, 13 de febrero de 2017

Fix You

"Usted no sabe cómo yo valoro
su sencillo coraje de quererme"
Última noción de Laura. Mario Benedetti


La tarde finaliza, sus ojos se cubrían por un velo de ambar mientras esperaba, sentado en un banco, a que la noche encendiera sus bombillas, el río enfriara su aliento y la bruma dibujara al guarda que habría de echarle del jardín.
Subida al muro, junto al río, una figura esbelta y delgada se aproxima en gesto de equilibrista, brazos en cruz y pasos cruzados. Al llegar a él se detiene y se gira quedando mirándolo.
Aún no hay lentejuelas en el cielo y él puede ver un largo cabello negro coronado por un gorro de lana blanco. La chica lo mira y le regala un flash sin foto al abrir su boca para decirle:
-Tus ojos tienen luz, tienen ángel. ¿Qué haces aquí sólo?
-Viendo la vida pasar- le contesta él.
-¿Por qué dices eso tan triste?, "viendo la vida pasar" es una expresión triste. La vida no hay que contemplarla mientras pasa.
-Bueno, eso simplemente te pasa- le responde él.
-No, eso es que te has cansado de buscar lo que te hace feliz- le replica ella.
-Probablemente haya buscado en los lugares equivocados.
-¿Y que encontraste en esos lugares?
-Encontré tristeza y la felicidad prestada. Venía con la fecha caducada.
-¿La felicidad tenía nombre?
-No, no tenía. Eran sólo fantasmas, más nada.
-¿Crees que ya no podrás encontrar la felicidad?.
-No, nunca debería decir que no la encontraré...
-Pues no me vuelvas a decir que te dedicas a contemplar la vida pasar.
-¿Y tú, que haces caminando sobre el muro?, podrías caerte al río.
-Me gusta caminar en alto, me permite coger los sueños que se esfuman de la gente que no tiene esperanza. Luego busco en el reverso, a quién pertenecen y en la noche profunda busco a sus dueños para devolvérselos.
-¿Encontraste alguno mío?
-Tengo los que perdiste y los que aún no has soñado.
-¿Cómo puedes saber lo que aún no he soñado?.
-Porque en la luz de tus ojos, te dije, me he visto reflejada.
-Me dejas sin palabras- le responde él.
-¿Te apetece resguardarte de la lluvia bajo aquella marquesina conmigo?
-¡Pero si no está lloviendo!
-¿Seguro?. Me he parado junto a tí porque tus ojos pronto lo harán. Quiero que no estés sólo cuando eso suceda. Ven te acompaño a que me cuentes quien eres, qué haces aquí y qué te sucede.

El chico se levantó, ayudó a la chica a bajar y no pudo remediar abrazarse a ella fuertemente.
-Me llamo Hans, gracias por pararte.
-Yo soy Karla. Vente conmigo. ¿De dónde eres Hans?.
-Soy húngaro. Llevo tres semanas en Sevilla.
-¿Y que viniste a hacer aquí?
-He venido a trabajar porque en mi país no hay trabajo digno para casi nadie, menos aún para un violinista. Mi sociedad se ha vuelto demasiado economicista y la vida debe desarrollarse más allá de la búsqueda permanente del dinero. Se ha instaurado la cultura de la riqueza y se ha olvidado la riqueza de la cultura.
-¿Y qué has encontrado aquí?
-He venido con un contrato de dos años en la orquesta sinfónica de la Universidad.
-¡Qué bien!, entonces ¿por qué estás triste?.
-Pues piensa que he dejado toda mi vida en mi pais, mi hogar, mi familia, mis amigos, mis gatas. Aún así, no es tanto lo que allí dejé como lo que esperaba encontrar aquí. Conocí una chica inglesa en Hungría que vivía en España. Ella fue el impulso real para venirme a este país.
-¡Qué bonito!- le dice ella.
-Sí, fue bonito mientras estuvimos juntos en Budapest, pero hace cuatro meses que ella regresó a España. Durante este año he estado preparando toda la documentación necesaria para trabajar aquí y al llegar me he encontrado que ella ha rehecho su vida con su anterior pareja y me dice que Yo quedo exento en sus planes de futuro. Así que heme aquí, en la más absoluta soledad y sin una ilusión palpable que aliente a un futuro.
Cuando me viste sentado junto al río estaba mirando mi actual vida pasar porque mi anterior vida feliz quedó atrás. Ahora no dejo de pensar si me compensa estar aquí y reinventarme en un nuevo país o dejar este proyecto en España y regresar a Hungría.
-Bueno, no desesperes, te recuerdo que he visto tus sueños futuros. Mañana te espero en el mismo lugar donde nos hemos conocido, a esta misma hora y te prometo que empezarás a vivirlos. No te has dado cuenta que la felicidad te está dando "toquecitos" en la espalda y no te has girado a recogerla.

Hans miró extrañado a Karla, mientras ella hacía gestos con sus cejas y sus ojos para que girarar la cabeza. Hans entendió, giró y como de un rayo se topó con la cara de Karla frente a él, y con un beso en sus labios. Acababa de empezar a vivir el primer sueño.


viernes, 10 de febrero de 2017

En ausencia de tí

"Te presentaste como la respuesta a una pregunta no formulada"

Jamás imaginé que doliera tanto llorar hacia dentro,
aguantándome el llanto,
llorando el aliento.
He pasado muchas noches sin dormir por el luto,
mi corazón ha sido velado varias veces,
pero no habría pensado nunca en querer dormir profundamente
durante el día
y a la noche transformarme en gato
y salir a buscarte,
mi gata.

Qué tristeza más profunda, amor mío,
saber que tuviste que huir en aquel avión
por ser maltratada en casa,
no quisieron darte el pan
y has tenido que alejarte.

Llegué tarde, lo sé, tendría que haber llamado antes
y aún así
se estrecharon nuestros cercos hasta llegar a abrazarnos.
Hoy mi tristeza, mi hondo pesar, mi llanto
se esfumará en días, tal vez semanas, con suerte en meses.
Se irá como tú te fuiste
y desaparecerá cuando no volvamos a hablar,
cuando nuestras vidas encuentren acomodo en nuestro entorno,
seguro pasará.

Encontrarás el calor en aquel gélido lugar al que volaste,
rechazarás mis versos,
la conjunción de mis besos y mis letras.
Tendrás la lucidez de que hoy, ayer y días pasados no existieron,
son sólo sombras que ofuscaron tus preparativos.
Mi soledad fue el lecho
y tu tristeza, tu incertidumbre se acostaron en él,
se confundieron y se creyeron enamorados.

El silencio, la serenidad, la sencillez y la humildad
se dieron la mano, sonrieron y echaron a llorar.

Volverás a sonreír,
volveré a fingir la sonrisa
y a equivocarme.
Volverá el amor
y lo volveré a escribir...

lunes, 23 de enero de 2017

Mis pies y mis manos

Mi mano derecha tiene bigote,
me acaricia y alecciona,
me enseña, me frena y me empuja,
es fuerte en la acción,
robusta en el consuelo.
Surgió de escuálidos huesos,
tuvo tesón como alimento que ahora exhibe en piel encallada,
para hacerse de la nada.
Mi mano derecha es la inteligencia,
la lucha, el inconformismo,
la siempre lágrima contenida.

Mi mano izquierda entra en mi vida desde temprano,
Mece mi mente, atrae el sueño,
forja mi cuerpo, es mi sustento.
Pura, sensible, inocente y frágil,
ve mis heridas antes de ser vestidas de sangre
y las cubre de emplastos de amor.
Mi mano izquierda es mi abrigo,
es pasión, incondicional entrega,
en mis ojos causa sed que en mi boca cura,
zurce cada mella en mi corazón
con agujas de acero e hilo de algodón,
la siempre lágrima incontenida.

Mis pies nacieron después,
son el camino que queda aún por andar
y serán, al final, mi destino
cuando el camino acabe.
Me sostienen y tensan mis rodillas cuando estás se doblan.
Son valor, coraje,
ingenuidad, utopía,
son límpida alegría.
Paralizan mi baile, si es descoordinado.
Mis pies son asimétricos,
uno es más grande que el otro.
Uno es el abrazo torcido, que otrora lloraba
y hoy, en virtud, alecciona.
El otro es una poción de nieve y miel
que aporta la efervescencia para iluminar mi vida.

Son mis pies y mis manos,
mis manos y mis pies
quienes hacen que yo sea el hombre que quiera ser.
Ejercitan y recomponen el ritmo de mi corazón
si este se atormenta o acelera.
Sus caricias me prometen los sueños deseados
y sus pasos forjan mi voluntad para cumplirlos.



miércoles, 11 de enero de 2017

Sin acuse de recibo

Tu silencio, maldito, hace parecer que pienses
que no pueda sentir tu lejanía,
pues heme aquí con mi letanía,
deseando ver humo blanco en tus montes.

Nuestro tiempo fue breve, no lo quisiste intenso,
sin embargo, sin querer quererlo,
contemplamos la alborada, pudiste verlo,
cada uno en su horizonte inmenso.

Sentí tus besos, tu piel, tu calor,
acaricié tu alma, tus anhelos, tu pesar, tus miedos,
deseé replicarte, a cada instante, soñé volar al sentir tus dedos,
bailé al escucharte, sonreí al abrazarte, enloquecí con tu olor.

Tu mente es una exclusa en transcición
y no aprecias al servil lazarillo
que incondicional espera tu zarcillo.
No quiero- dirás, has perdido la razón.

Y abandonarás los pinares y el mar,
la tóxica calima, la sal.
Yo desesperaré ante tu ausencia carnal,
pero aún hoy, cerca y en silencio, solo te puedo acezar.

No es la razón lo que he perdido,
la desesperación por tu silencio me empuja a sentir
lo que probablemente no existe, pero intento mentir
a un triste y huérfano corazón, desatendido.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Feliz día Feliz

En un día como hoy la mitad de la sociedad  amanece con ilusión y una sonrisa en la cara, la otra mitad amanece expectante del devenir del día donde nos preparamos para la reencarnación, a la caza de los sueños de otros para incorporarlos a nuestro armario espiritual.

Hoy todo se comparte, y no es que seamos más felices, es que ponemos en común la felicidad y empatizamos con nuestro entorno, la absorbemos y enarbolamos como propia por el mero hecho de salir de nuestro rincón y darnos a ver y que nos vean. 

Hoy buscamos un lugar con ambiente, con bullicio, porque queremos ver sonrisas y hacerlas nuestras, oír cantar y sentirnos que pertenecemos al espíritu que propicia la espontaneidad de la música, beber como invitados de lujo a esta particular fiesta popular que se ofrece para todos.

Hoy es un día donde rejuveneces, piensas que todo va a cambiar, deseas una vida distinta y confías en ello solamente por el mero hecho de un proceso gravitatorio en lo celestial y mecánico en lo material, es sólo una suma de tic y tac.

Al anochecer, cuando hoy desaparezca, dormiremos tratando de evitar ser acompañados por nuestras posibles pesadillas, y al amanecer todo volverá a ser igual, o no, dependerá de cómo hayamos incorporado la felicidad de los demás como propia, de como hayamos buscado la conexión con quienes aportan positividad, optimismo, que irradien vida, ilusión, reconversión continúa. O dependerá de la toxicidad que hayamos inhalado con quienes ennegrecen cada minuto, quienes hoy lo consideran un mero trámite gravitacional de nuestro planeta, de quienes ven una explosión oculta en los tic-tac.

Aprovechad y sonreíd de verdad, apegaos a quienes desprenden luz, ello os aportará la visión y estímulo interior de conseguir el cambio deseado para el próximo año. 
La Felicidad copiada, meramente, puede ser germen de la frustración, pero aprender a encontrar la felicidad permitirá gestionar las emociones que puedan descalabrar nuestro autoestima, y para aprender a ser felices, acercaros a quienes lo son.

Hoy no solucionará ningún problema, es un oasis en la monotonía, pero quizás sea el día en que comencemos a realizar el sano ejercicio de pensar en la felicidad, seriamente, y generar nuestro propio cambio para conseguirla.


martes, 27 de diciembre de 2016

La noche eterna

Esta mañana cambié mi recorrido,
busqué tus huellas para seguirte
y encontrarte.

Mirar la perpetuidad del sol
enerva mi mente y la confunde
al pensar que nosotros
somos pasajeros.

Recuerdo tus palabras,
me invitabas a borrarte,
a no sentirte más,
a evitar encuentros extemporáneos,
pero tú te vas...

Y la noche eterna finaliza,
la luz se apaga,
la carne se ablanda
y la humedad se evapora.

El calor abre la puerta al frío,
aunque me aferro a buscar rescoldo
hasta que el tiempo pase,
inerte te deseo en tu isla
y que regreses de nuevo.

Estoy dispuesto a cruzar el mar
y rescatarte, y desamordazarte,
para que vuelvas a iluminar mis ojos,
henchir mi pecho,
mojar mis labios,
atar mis manos
y liberar mi mente
del recuerdo de la miel salada
que me diste a probar
y de la que no encuentro antídoto.

Sueño con ser como el sol perpetuo,
esperar, de nuevo, a ser inmortales,
hasta el final de nuestro aliento,
aunque dudo si soñarte
me ayudará a esperarte y encontrarte,
puede ser mi veneno o mi alimento.

domingo, 25 de diciembre de 2016

Noli me tangere

A mi hermano.

Lo siento, no os vi venir, versos tristes
que hoy me lleváis de la mano
¿Dónde?
Tranquila, no te estrellaremos
contra el olvido.
Pero despacio, mis piernas están anquilosadas
siento que se me parten los tallos,
cigüeña amputada.
Lo siento, a tí tampoco te vi venir,
cerco de sudor que dibujaba su jugo salado
y anoche, en mis sienes, clavé.
Pero dejadme,
No quiero caminar,
Violación poética,
Insulto de voluntad.
Dejádme en paz, dejadme... malditos hijos.
Ahora tengo la cabeza
pegada a un espejo roto.
Mírate en él y descubre tu realidad
eres parte infinita de un todo quebrado.
Ahora tengo un muerto pegado al alma;

se rajó con un cristal.

Lo siento, no la ví venir
atmósfera que dejó tras de sí
humedad,
Invernadero,
cueva callada.
Allí le busqué intentando marcar
mi territorio en sus esquinas como
un perro viudo de luna, pero en tu perfecta circunferencia, resbalé,
sería la humedad.

Por favor, por favor, dejadme
¿No me veis casi desnuda y ensangrentada?
Con el disfraz de ser persona
puedo crear el arte de la mentira
y vosotros, versos desarraigados
Me abrís entera, separáis las aguas
 y me recogéis en medio.
Ingenuos, creéis que soy la virtud.
Ya te hemos descubierto, sucia desnudez,
calle trasnochada lamida por la soledad,
ahora sólo puedes decir la verdad.
¿Cuál de ellas? ¿La que él me enseñó?
Esa es la del frío te quiero,
Lo carnal del te deseo,
Lo sumiso del decirte no te vayas
y lo triste del adormecimiento,
entre mis brazos aunque no lo acunara.
¡Compadeceos de mí!
 Noli me tangere.
 Mirad que mi alma, al recordarlo,
se revuelve en sí misma,
Casa de derribo,
luna que tiembla en el chaleco que apedreas.
Ahora debes desaparecer,
 has expulsado tu esencia en este estornudo,
O seguir embriagándote para olvidar que bebes.
 ¡Malditos hijos... callaos!
De tanto dialogar
Mi boca es una flor machacada.


domingo, 18 de mayo de 2014

35 renglones

Él la mira de reojo, trata de saber dónde está
Ella se deja buscar, se coloca donde pueda ser vista.
Él asiente y saluda,
Ella sonríe.
Él se acerca, 
Ella evita alejarse.
Suenan las campanas.
Él se despierta,
Ella llevaba observándolo desde que salió el sol.
Él toca sus mejillas,
Ella se funde en Él.
Se escuchan llantos.
Ella extiende el brazo y lo mece,
Él recoge un oso de peluche de sus pies.
Ella palía la fiebre,
El se debate entre unos pucheros y una cuchara con verduras.
Ella vuelve a la escuela,
Él asiste a los partidos infantiles.
Uno, dos, tres.
Él pone una hora,
Ella desliza unas monedas de más en los bolsillos.
Él espera en el sillón hasta las dos,
Ella no duerme hasta el regreso.
Él pide las notas,
Ella anima a que sigas.
Él te dice que la olvides,
Ella a que vivas con ello y te superes.
No se escuchan llantos, lápices, juguetes, pucheros, ni pisadas de madrugada.
Tres, dos, uno, cero...
Él no puede verla, 
Ella no lo escucha.
Él extiende el brazo para tocarla,
Ella no lo reconoce y lo rechaza.
Él la llama,
Ella ya no está.

Rosebud nunca existió

"El hombre nunca puede saber qué debe querer, porque vive sólo una vida y no tiene modo de compararlo con sus vidas precedentes ni enmendarla en sus vidas posteriores"

                                    La Insoportable Levedad del Ser. Milan Kundera

      Recuerdo la primera vez que tuve que enfrentarme a la gestión del fracaso.
Dibujaba mi futuro con el consuelo de encontrar un tapón para aquel sumidero por el que me vaciaba. La luz entrando por la ventana, el misterio que las sombras hacían de la pared un mosaico indescifrable. Quería ver unas líneas familiares de torso sin cabeza, de sábanas arrugadas, recogidas. Quería oler la espuma sobre la que dormía con ese aroma infantil y trazos irregulares color caoba.

      Sin embargo, los ojos obturados por el rocío, que tanto me cuesta desprender, me descubrieron en el más absoluto desorden, con un mísero silencio perpetuo que se congelaba en aquella estancia solitaria.
Traté de convencerme de que el tiempo pasivo, en sí, sólo deterioraba el alma, y la mente comenzaría un anquilosamiento peligroso que me haría perder la identidad que hasta entonces había construido mi estructura vital.

      Comencé, entonces, a caminar con un jeroglífico mapa como apoyo, en el que no había senderos claros sobre los que guiarme. La reinvención, denominé a este nuevo proyecto de auto-reconstrucción. Desmembré mi rostro del vello característico que, años atrás, me había identificado. Apagué los punzones amarillos que me clavaba diariamente en mis pulmones y calmé mi ansiedad con el líquido meloso que serena la inquietud del impaciente actor deseoso por salir a escena.

      Pensé que componer trazos verbales endecasílabos cavaba la fosa de la inactividad y prendí fuego a todos aquellos pensamientos en un sencillo ritual, carente de los detalles originales que pudieran evocar recuerdos románticos de la historia que desaparecería entre las llamas.


      Fue entonces cuando, en esa creación de un nuevo camino, comencé a venderme, a intercambiarme en un mercado en el que, a cambio de sentimientos, efímeros, compartía instantes de excitación, hiperventilación y espasmos que paliaban mi ansiedad por encontrarme.
Como un drogadicto tratando de evadirse de su realidad en un relámpago de aluminio, empecé a incrementar las dosis de banalidad, forjando lo que, pensaba, sería mi experiencia vital, mi aprendizaje en el desarrollo de un destino. Hasta tal punto llegó la dejación por mi mismo que los sentimientos más ínfimos cesaron, y fui consciente de tal frialdad cuando en la construcción del nuevo camino desdeñé encuentros que amparaban un jardín de sentidos, llamando a mi puerta y esta no abrirse por encontrarse herméticamente sellada, con un blindaje impuro, lleno de asperezas sustentadas en un marco escéptico.

      Huí, me trasladé y comencé de nuevo. Bajo el paraguas de la creencia en un ser pasado, que quería trasladar al presente, confiaba en acaparar en un breve espacio de tiempo, la atracción suficiente como para construir un nuevo yo. Sobre una nueva ciudad esperanzaba trazar las líneas conexas sobre las que sustentar un camino de futuro estable.

      Cien días después, vuelvo a tener el sol despertándome con el mismo sentimiento de aspereza, en un cubículo, nuevo, desordenado y arando, durante demasiado tiempo, un trigal sembrado sobre tierra yerma.
Puedo pensar, y debo, en relativizar tanto el pasado como el presente, dedicando la profundidad al momento idóneo, cuando llegue. Es el primer trazo para un boceto que se vestirá de óleo, pero empezando a pensar que Rosebud jamás existió...


lunes, 30 de diciembre de 2013

Telón y Oscuro

Comienzan las primeras notas del piano. En lo alto del escenario Ramón comienza con la introducción. Un foco surge de entre la oscuridad de la sala iluminando sus manos, un enfoque estrecho muestra los dedos temblorosos discurriendo por las teclas. La luz se abre como el sol en un amanecer y se refleja en su cabello largo y rubio. Los dedos pulsan firmes pero su camisa,blanca y ancha, tiembla como si una corriente de aire lo azuzara. A los veinte segundos ocho focos, de luz tenue, descubren 8 rostros que entonan: "quinientos veintisiete mil cuarenta minutos, quinientas veintisiete mil horas de paz...". Despacio, de entre el público, Paul, JuamPa, Belén, Sergio, Fer, Carmen, Dani y Victoria se acercan al pasillo principal, rodean el escenario y cogidos de la mano continúan la canción: "¿cómo se mide el año que fue?, ¿Qué tal con amor?, ¿qué tal con amor?, ¿qué tal con amor?. Ciclos de amor..."
Desde el lateral derecho, Manu nos avisa de que debemos empezar a subir, por ambos laterales, de uno en uno, encontrándonos arriba el resto de compañeros, abrazándonos, besándonos, sin que cese la canción. De un extremo Álvaro asciende al centro del escenario, donde se encuentra con Mamá Rocío, se miran, se abrazan y agarrados de la mano, con la mirada al frente, cegados por los focos, ofrecen un beso al vacío, donde el público es imperceptible. Pero de entre la luz cegadora encuentran los ojos de Aaron y Nono, que expectantes sienten como un batallón de hormigas les suben desde los pies hasta los ojos, donde vierten el rocío de la emoción que discurre por sus mejillas. Mientras, en el escenario, aparecen Violeta y María, se funden en un abrazo y se agarran de las manos de los compañeros que los esperan en el escenario. Inés y Mercedes, Rocío y Ángel, Cristina, Esther, Pedro, Rafa y Manu completan una fila de voces compungidas que, con las manos entrelazadas, tratan de mantener la voz acompasada con la música, continuando con la canción: "ya es hora, escucha, esta historia sin final. Ven y compartiremos un año en nuestra amistad". Al fondo, en lo oscuro, empujando las voces de sus compañeros, Alberto, Alex, Javi y Suso, elevan el corazón de los cantantes con sus instrumentos. 
Mientras tanto, Fer, Belén, Sergio, JuamPa, Dani, Victoria, Carmen y Paul suben a reunirse con el coro, entonando las estrofas finales:"Aquí tu y yo, tan sólo aquí, cede al amor, o teme por vivir. No hay elección, no hay opción, NO HAY MÁS QUE HOY...". La última frase emana de los labios de todo el grupo, que poco a poco se van desprendiendo de sus personajes. El pecho henchido se expande en cada "no hay más que hoy". Las miradas se cruzan con cada letra de esa frase, que se repite una y otra vez, encumbrada con los acordes de los músicos que le imprimen mayor ritmo, se incrementa el tono y la sala se impregna de voces cada vez más elevadas como defensa ante la emoción que envuelve sus cuerpos, las manos aferradas,unas a otras, los empujan a entonar el último "NO HAY MÁS QUE HOY", donde la palabra "hoy" se perpetúa hasta donde el aire aguanta en sus pulmones.
La música cesa, los cuerpos se abrazan, se besan, enjugan sus lágrimas rozando sus mejillas, unos con otros, todos con todos, felices por el final, emocionados porque ese final no es más que el principio. No hizo falta público, no necesitaron aplausos, sólo el deseo de escuchar, durante este año, las palabras "telón y oscuro" para vivir innumerables veces la emoción del teatro.

martes, 12 de noviembre de 2013

Al final del túnel

Cuando los cambios se desarrollan acompasados de armonía, la ilusión con la que se afronta el cambio es tan sublime que vives en una atmósfera tan fresca que no deseas que se acabe. Esperas que, además, el cambio se comporte tan placentero como la transición al mismo.
Sin embargo, cuando el cambio transcurre rodeado de circunstancias que frenan la ilusión, la llegada del cambio no la ves ya como una mera meta, sino como una necesidad.
Si eres capaz de afrontar los cambios, que te reportarán felicidad, pero que transcurren con trampas de heces, tendrás la virtud de ver el árbol y el bosque, muy a tu favor para actuar. 

Esta mañana tuve miedo, mucho miedo. Últimamente veo muchos fantasmas, será que el futuro próximo es halagüeño y temo no alcanzarlo, por tercera vez este año, sin salir indemne, pero tratando de relativizar pienso que hoy sólo he pisado otra boñiga más en este camino de cabras que desemboca en el asfalto.
¿Por qué he perdido el miedo? Porque lo peor que me puede pasar es nada... Visto desde esta perspectiva pragmática, lo único que puedes hacer es esperar, como estoy esperando, a que todo termine, aún cuando cada poco tiempo tengo que lidiar con la mediocridad, naturalmente, representada en persona. Voy a pensar, y pienso, que las tristeza no me debe, ni puede, inundar por la inmundicia vital de otro, allá el/ella con su devenir habitual, el resultado es el que es, a cada zancadilla encontrada, veo un trampolín.

Estoy deseando de que todo acabe y todo comience, a veces con una postura radical, equivocada, que posteriormente me empuja a la tranquilidad, al equilibrio, al acto cauto. Brindaré cuando llegue a casa y salga de esta pocilga, brincaré cuando me aleje, a ser posible en un escenario mullido de arena fina y blanca, gritaré sin preocuparme de que me escuchen, aliviando estos pulmones encharcados en alquitrán, con los exabruptos que me plazacan, me tomaré la licencia de elegir lo que digo. 

Y si lo que veo a lo lejos no es lo que espero, no importa, el camino a la felicidad está trazado, es cuestión de seguirlo, sin miedo. Lo único que quiero es dejar atrás parte del presente, que fue un pasado erróneo y que no volverá.
Buscando el cambio se encuentra, la pasividad que adormece, te conforma y te mata lentamente. La búsqueda del cambio no es un ejercicio fácil, sobre todo cuando su desarrollo no es armonioso, pero a cada zancadilla, un movimiento de zig-zag y a seguir andando.
Me hubiera gustado que fuese más fácil, pero tal vez me habría dejado mucho por aprender.

lunes, 28 de octubre de 2013

La Química del Amor

“Uno debería vivir siempre enamorado. Por eso no debería casarse”
Oscar Wilde

“Hay dos cosas que el hombre no puede ocultar: que está borracho y que está enamorado” 
Antífanes -388-311 a. C

(Extracto de un artículo publicado en 2010, no he logrado encontrar la fuente original).

El estado de embriaguez amorosa inicial no es sostenible en el tiempo. En eso los científicos están de acuerdo puesto que ningún organismo sería capaz de soportar tal éxtasis de forma permanente. Sin embargo, aunque la excitación tienda a relajarse, el amor romántico sí puede perdurar. 

1-. Como el primer día 

En 2011, la neurocientífica Lucy L. Brown, del Albert Einstein College of Medicine, describió junto a Helen Fisher lo que sucede en el cerebro de parejas con relaciones de largo recorrido. “Nos centramos en aquellas personas que decían estar enamoradas como los primeros meses, aunque llevaban juntas diez años o incluso más”, explica Brown a SINC. 

El estudio, titulado 'Correlaciones neurales del amor romántico intenso de larga duración', es el primero que investiga las implicaciones que tiene este tipo de amor duradero en el sistema nervioso. 

Diferentes teorías apuntaban a que no era posible que la intensidad del amor se prolongara en el tiempo. El cuidado de los hijos podía apagar la llama de la pareja, o bien el amor, con el paso de los años, se transformaba en una amistad profunda entre ambos, sin necesidad de que existiera deseo sexual. El mismo 
Sigmund Freud especuló con que la pasión en relaciones largas respondía a una patología o a una sobreidealización por parte de uno de los dos miembros. 

“Sin embargo, otras teorías sugieren que podría haber mecanismos con los que el amor podría sostenerse en el tiempo en una relación”, destacan las autoras en su estudio. Para averiguarlo, escogieron a diez hombres y siete mujeres casados durante una media de 20 años. A todos ellos les sometieron a una resonancia magnética, y dentro del escáner les mostraron imágenes de sus parejas, de amigos íntimos, de familiares cercanos y de parientes lejanos. 

Los resultados mostraron que cuando veían la imagen de su pareja, su cerebro se comportaba de forma similar al de las personas recién enamoradas, al activarse las regiones que fabrican dopamina, situadas principalmente en el área ventral tegmental. Además, también se excitaban las regiones asociadas con el apego maternal y la amistad. 

El hallazgo de que la dopamina tuviera también un papel importante en esta fase les sorprendió por lo que entrañaba. Esta hormona es la responsable de la euforia, tan común en el comienzo de las relaciones, y es un neurotransmisor que regula el sistema de recompensa, encargado de que respondamos a estímulos que causan placer o desagrado. 

“Los resultados sugieren que el sistema de recompensa que se activa en determinadas parejas duraderas se puede prolongar en el tiempo como ocurre con un nuevo amor, pero también está relacionado con los sistemas implicados en el apego y el emparejamiento”, apuntan en el estudio. 

2-. El termómetro del afecto 

Otra de las hormonas que se disparan cuando el amor campa a sus anchas por el cerebro es la oxitocina. Entre otras cosas, es la responsable del cariño entre padres e hijos y del afecto entre las parejas, y por eso se conoce como la ‘hormona del abrazo’. Según una 
nueva investigación, sus niveles podrían influir en que una relación fuera más o menos duradera. 

Científicos de la Universidad Bar-llan de Israel analizaron las cantidades de oxitocina en sangre de 163 jóvenes. Entre ellos se encontraban 43 personas solteras y 60 parejas de ‘nuevos amantes’, que solo llevaban tres meses de relación. Como esperaban, los valores de oxitocina en las parejas eran superiores a los de los solteros, pero lo sorprendente de la investigación fue otro hallazgo, encontrado seis meses después del comienzo de las observaciones. 

“Descubrimos que las parejas con los niveles más altos desde el principio seguían juntas nueves meses después, mientras que las demás habían roto”, señala a SINC Ruth Feldman, investigadora del Centro de Investigación del Cerebro de la Universidad Bar-llan. 

Los científicos entrevistaron a las parejas y comprobaron que los niveles de oxitocina estaban relacionados con la reciprocidad de los miembros y también con el afecto, muestras de cariño, compañerismo y la ansiedad y preocupaciones que compartían. Estos rasgos son similares a los que se aprecian en una relación padre e hijo. 

Según este estudio, la oxitocina registrada durante los primeros meses podría ser, de algún modo, un indicador de la duración de la relación. Con este dato sobre la mesa no resulta descabellado pensar que si nos suministráramos la hormona de forma externa podríamos aumentar estos niveles y así conseguir que el amor durara para siempre. 

Pero Feldman es tajante: “No recomiendo usar oxitocina de forma exógena, mediante inhalación o medicación, para aumentar los niveles y avivar la relación artificialmente”. Y aconseja la opción natural. “Cuando las parejas se tocan más, pasan más tiempo juntas y se prodigan en muestras de afecto, la oxitocina aumenta y es muy positivo para los dos”. Si los niveles bajan porque todo lo anterior falla, “la relación debería terminar”, recomienda.


3-. La prueba de los 40 meses 

Comparar la actividad cerebral de parejas que siguen juntas con otras que han roto pasados 40 meses también puede servir para analizar si lo que ocurre en la mente influye en la estabilidad de la relación. Una investigación dirigida por el Alpert Medical School de la Universidad Brown (Estados Unidos) analizó esta actividad mediante resonancia magnética en 18 parejas que acababan de comenzar. 

Cuando pasaron 40 meses, los investigadores volvieron a contactar con ellas para saber si seguían o no juntas y compararon los escáneres previos. De las 12 parejas que volvieron a responder, seis habían roto y las otras seis seguían juntas. 

Los escáneres de aquellas que permanecían unidas mostraron que, al principio, en sus cerebros las zonas relacionadas con el amor romántico, como es el núcleo caudado, se activaban con mayor intensidad respecto a las de las parejas que rompieron 40 meses después. 

Del mismo modo, otras zonas que se ‘apagan’ o desactivan cuando empieza el romance, como la corteza orbitofrontal –relacionada con la toma de decisiones–, se apagaban en mayor medida en aquellas parejas que seguían juntas después de este período de tiempo. 

“Esto sugiere que las respuestas cerebrales experimentadas en los comienzos de la relación podrían estar relacionadas con la estabilidad de las parejas”, indica a SINC Bianca Acevedo, psicóloga del Weill Cornell Medical College (Estados Unidos) y una de las autoras del estudio. 

5-. Esfuerzo al cuadrado 

Resonancias magnéticas y análisis hormonales muestran que lo que ocurre en el cerebro influye en la duración del amor pero, ¿eso basta para explicar el alto índice de rupturas en el mundo occidental? El matemático de la Universidad Complutense de Madrid José-Manuel Rey Simó decidió abordar este problema social desde un punto de vista matemático. “Algo que se produce de forma tan sistemática no puede obedecer a causas muy diversas”, afirma a SINC. Y tradujo el fenómeno en un sistema de ecuaciones diferenciales, publicado en 2010 en la revistaPLoS ONE. 

La base de la ecuación es la segunda ley de la termodinámica: si un cuerpo deja de recibir calor, se enfría y, para evitarlo, hace falta un aporte externo de energía. Estableció una analogía para el caso de las parejas, dejando claro que funciona “solo como un paralelismo, no como una verdadera ley física de los sentimientos”, donde las variables de la ecuación serían dos: la sensación amorosa –que correspondería con la energía interna del sistema– y el esfuerzo que hace la pareja para que esa sensación dure a lo largo del tiempo –la transferencia externa de calor–. 

“Las parejas no tienen acceso a aumentar de forma directa la sensación amorosa, pero sí pueden hacerlo si incrementan el esfuerzo”, añade el matemático. La pregunta es, ¿cuánto esfuerzo hay que poner para que una pareja sea feliz pasados los efluvios del enamoramiento inicial? “El modelo matemático indica que el nivel de esfuerzo en una relación es siempre superior al que nos gustaría”, reconoce Rey Simó. Y varía en función de cada pareja. 

Con este esfuerzo extra, las matemáticas y las neurociencias coinciden en que lograr un amor para siempre es difícil, pero no imposible. “Contrario a lo que se cree, el amor romántico en las relaciones largas es un fenómeno real”, subraya Bianca Acevedo. Argumentos científicos existen pero a nadie se le escapa que la ciencia no puede responder a todo. Como reconoció el matemático francés Blaise Pascal, el corazón tiene razones que la razón [o la ciencia] no entiende. 

6-. Contra la inercia negativa 

Para acabar de complicar la situación, en el modelo matemático de las relaciones sentimentales formulado por José-Manuel Rey Simó, el sistema es inestable y su propia inercia es negativa, lo que traducido a una relación significa que si una pareja deja de esforzarse y luego quiere retomarlo, es muy posible que no llegue a remontar. 

“Ese plus de esfuerzo necesario unido a la inercia de la dejadez provoca que las parejas tiendan a esforzarse menos de modo paulatino, lo que trae como consecuencia que la variable de la sensación amorosa se desplome”, asegura el matemático. Pero esto no ocurre de un día para otro. “Las parejas no suelen romper de forma brusca, salvo por algún suceso traumático, sino que se trata de un proceso de descomposición paulatino, un deterioro que también se refleja en el modelo matemático”, señala Rey Simó. 

Y el esfuerzo se puede interpretar tanto en cantidad como en calidad, entendido como hacer cosas que nos desagradan pero que le gustan a la otra persona o aumentar la frecuencia de determinadas actividades que puedan ser positivas para los dos. Apostar por la novedad también ayuda porque está demostrado que las sorpresas aumentan los niveles de dopamina, lo que contribuye a mantener vivo el éxtasis romántico.


martes, 21 de agosto de 2012

EL BÁLSAMO DE FIERABRÁS y el trascendental humano del amor


Todo esto fuera bien escusado, respondió Don Quijote, si a mí se me acordara de hacer una redoma del bálsamo de Fierabrás, que con sólo una gota se ahorraran tiempo y medicinas. ¿Qué redoma y qué bálsamo es ese? dijo Sancho Panza. De un bálsamo, respondió Don Quijote, de quien tengo la receta en la memoria, con el cual no hay que tener temor a la muerte, ni hay que pensar morir de ferida alguna[…].Luego me darás a beber solos dos tragos del bálsamo que he dicho, y verásme quedar más sano que una manzana”. El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Capítulo X.

            Durante estas vacaciones he tenido oportunidad de debatir con diferentes amigos, y en diferentes escenarios, acerca del mayor problema que sufre la humanidad. No ha sido ni el hambre, ni las enfermedades, ni la crisis económica, sino algo que explica de base los problemas secundarios de nuestra civilización, el amor.
El principio de cada una de las tres conversaciones mantenidas en este mes ha sido que nuestra generación está experimentando  un estado de transición en el que este elemento vital está sufriendo un cambio conceptual considerable al someterlo a continuos análisis en lugar de configurar una parte innata de nuestro ser del que no cupiese el más mínimo atisbo de raciocinio para vivirlo.

            Teniendo en cuenta el intervalo de edad entre los veinte y los cuarenta años de los interlocutores, es obvio que ciertas experiencias de cómo se ha manifestado y vivido el amor en cada una de nuestras vidas permitían el inicio del análisis desde una perspectiva más o menos objetiva, sin entrar en detalles de si el resultado final constituyó una suma o una resta en nuestro desarrollo personal. En todos los casos la expresión final era que nos hacemos más exigentes para con la persona que a de venir a inundarnos de aquel anhelo inicial de pureza que constituyó “el primer amor”. Naturalmente, si empezamos la disertación con condicionantes difícilmente se podrá llegar a conseguir el objetivo fijado. Quizás la perspectiva planteada sea errónea y el intervalo entre la decepción con lo pasado y el futuro incierto se alargue durante años por estigmatizar el sentimiento con la razón, cuando no deberían, ni por asomo, rozarse las puntas de los dedos. Realmente cuando nos definimos exigentes, “con quien tenga que venir”, lo que estamos manifestando es una autoexigencia. Es decir, somos nosotros los exigentes con nuestra propia persona y dicha exigencia no responde sino a un sentimiento de inseguridad sobre nosotros mismos hacia la sociedad. Esta inseguridad puede plasmarse bien encerrándonos y viviendo autárquicamente, o explorando múltiples relaciones efímeras que tampoco permiten cubrir el vacío que uno siente al ver transcurrir su vida sin sentir aquello que nuestro ser reserva para compartir en la intimidad del duplo constituido por dos sujetos.

            Desde la perspectiva racional, disonante con lo expresado anteriormente, la soledad será un cauce más que un destino. El no “intentar”, sino “esperar”, no es una vía muy factible para paliar el quejío enmudecido que muchos de nosotros poseemos. Pensemos que la oportunidad es singular, la oportunidad es la propia vida, el resto son opciones que hay que ir escogiendo, acertando y equivocándonos, pero el miedo a errar no debe nunca paralizarnos. Quien no se equivoca de vez en cuando es que no está aprovechando sus opciones. Al igual que escoger una opción no significa que haya que perpetuarla. La búsqueda puede ser infinita, tan duradera como nuestra propia existencia, y no existe una edad concreta para alcanzar el objetivo.
Dentro de este contexto, el planteamiento moral de esta búsqueda es lo más controvertido del debate. Buscando fotogramas de cine me encuentro con la siguiente foto:



           
            Este caso particular lo estuvimos tratando una noche. Al hilo de la conversación inicial se postulaba la inconveniencia de que un hombre terminase dejando a su mujer por enamorarse de su hija adoptiva. Bien, dejando de lado el obtuso paralelismo con parafilias y la celebridad que ostenta el protagonista de esta foto, pensemos en lo siguiente. ¿Qué estas dispuesto ha hacer por amor?, ¿qué puedes aguantar en tu relación o en tu vida por miedo a estar sólo, y acompañado a la vez, pero no enamorado? Entro de nuevo en la oportunidad. La vida es una, no vas a vivir otra, por lo que tomar decisiones aupadas por el corazón no debería ser tan descabellado como mantener opciones guiadas solamente por la razón. Esto último sería vender nuestra vida. El ejemplo reflejado tiene el sustento de que los años han hecho perdurar esta opción. De los millones de personas que habitamos este mundo, situaciones tan arriesgadas, y a mi parecer, valientes y acertadas, se suceden de continuo, aunque no tienen, ni deben, tener trascendencia mediática. Y sin embargo, la inoperancia a desarrollarnos en tales encuadres arriesgados, nos mantienen con esta búsqueda ficticia que el tiempo transporta al conformismo.

La pasividad a hacer algo que quieres, que te impulsa el corazón, pero que te frena la razón conlleva a la frustración, de manera mucho más fuerte que la sentida por la decepción de una opción truncada. Y sin embargo todos queremos calmar esa inquietud por sentir, buscando un halo mágico, como el bálsamo de fierabrás que todo lo cura, esperando a que nuestra puerta vibre y se abra con un “aquí estoy, soy yo”. Al igual que el hambre nos podría impulsar a asaltar un banco, la necesidad de vivir, y no sólo limitándolo a respirar, requiere de aprovechar esa oportunidad que se nos ha dado, tenemos la obligación de vivir, ya que se nos ha ofrecido a cada uno de los presentes. Por responsabilidad moral, principalmente, hay que vivir.



            Cuando hablamos del amor, normalmente nos ceñimos al romanticismo, a las escenas concretas, a las palabras precisas, a los gestos halagadores, pero nos perdemos lo trascendental, lo humano, compartir en su plenitud. Aquí vendría bien ubicada la frase de “No me quieras tanto, quiéreme mejor”. El error que cometemos comúnmente viene descrito implícitamente en esta frase. Nos limitamos a menospreciar lo trascendental ciñéndonos a lo meramente significativo. Pero errar, nuevamente, es uno de los dos posibles resultados de este gesto, y debe siempre darnos cátedra para que a futuros podamos subsanarlo y obtener el acierto, que es otro resultado y además, siempre, el esperado.

            Quizás el discurso que hace tanto hincapié en el amor como principal sustento vital pueda parecer sesgado por un estado particular. Nada más lejos de mi intención. Otro día hablamos del por qué existimos. Pero viene a colación con otra de las conversaciones mantenida con una buena amiga sobre filosofía en el que nos planteábamos, dentro de los trascendentales humanos ¿cuál era nuestro trascendental?, ¿qué impulsa mi vida a vivirla? Lo lógico es que los trascendentales humanos viajen de la mano (el ser, la verdad, el bien y la belleza). Mi amiga Anabel me enseñaba un artículo de un filósofo amigo suyo que desgranaba los trascendentales y mencionaba uno que fue el que me identificó y el origen de parte de este texto. El trascendental humano de la donación/aceptación. No recuerdo el nombre del autor, pero pude fotografiar parte del texto que a continuación os expongo:

“Lo que toca a la dupla donación/aceptación como trascendental humano es hacernos conscientes de que contamos con algo más que interioridad: poseemos intimidad; que no únicamente manifestamos en la acción, sino que incluso la destinamos, la donamos. La donación es dual con la aceptación: una no se entiende sin la otra. Donar y aceptar van mucho más allá de manifestar y recibir. Podemos recibir a cualquiera y mostrarnos casi hacia cualquiera. La donación/aceptación como trascendental humano configura la entrega y dan pie a lo que culturalmente llamamos amor. Al amar, la donación se vuelve tan radical que se trunca si no hay aceptación. En la donación va el ser que somos, la intimidad que poseemos y disponemos; y en su correspondiente aceptar, abrimos la persona propia para fundir nuestra intimidad con la del otro. En la donación no medimos qué hacemos del otro y qué dejamos fuera, no calibramos si el otro está a la altura de nuestra recepción o si no somos convenientes para que nos reciban. Ambas están en otro nivel, por eso son un trascendental humano. ante alguien que se dona no cabe sino la aceptación completa, no hacia lo que es, sino hacia quien es, con lo que es y le rodea, con el todo que le hace existir. Algo que sólo las personas pueden experimentar como uno de los más nobles y prefectos actos de los que es capaz la voluntad humana.”
           



           Si tienes esta herida aún abierta, sea cual sea tu actual circunstancia, no busques que la magia lo cure, tú eres pura magia, tú tienes la oportunidad, explora todas las opciones, equivócate hasta acertar, nadie vivirá por ti, por tanto, para acertar vive.

viernes, 10 de agosto de 2012

EL GRADUADO


El verano se presentaba incierto, acababa de terminar las pruebas de acceso a la Universidad y me esperaban 3 meses por delante en casa de mis padres. Ellos estaban tan exultantes con mis perspectivas  de estudio de Ingeniería que organizaron una fiesta, con sus amigos, y algunos familiares.
Aquella noche anduve deambulando entre la gente, recibiendo agasajos y felicitaciones, algo perdido, como si la fiesta no fuese conmigo. Pensaba en aquella chica que había conocido en el colegio de Londres donde estudié. Empecé a recordar a Cristina despidiéndose de mí y diciéndome que sus padres la enviaban a los Estados Unidos a estudiar Publicidad y que posiblemente no volveríamos a vernos. Que lo vivido en este último año no tendría sentido continuarlo, que llevaríamos vidas muy diferentes y distanciadas. Era el primer amor y desamor de mi vida y esa sensación de abandono me tenía fuera de mí.
 Fui a la piscina a fumarme un pitillo y tomarme un gin-tonic a solas cuando escuché su voz. En la oscuridad sólo veía el vaivén de su vestido acercarse a mí. -¿Me das fuego?-. Me levanté he incliné el mechero sobre su cigarrillo. La llama iluminó levemente su rostro, pude ver su cabello rubio ondulado cubrirle la cara y el humo deslizarse por su pelo.
-Te veo aburrido en tu fiesta- espetó. Me que dé callado, mirando al suelo, fumando mi cigarrillo. –No entiendo este tipo de eventos, si hubiese sido una fiesta para mí habría invitado a mis amigos, pero mis padres siempre gustan de colgarse honores para lucirse frente a los demás-.
-Ya sabes como es la gente de este barrio, quieren aparentar siempre la casa más lujosa, el coche más caro…-, -Y el hijo más listo- le interrumpí.
-Acábate la copa y me llevas a casa- me dijo- mi marido está coqueteando con la mujer del piloto e imagino que me pondrá alguna excusa para quedarse cuando le diga que nos vayamos-.
Me quedé un poco sorprendido con la orden que me había dado, pero tampoco vacilé en dar un buen sorbo y cogerla del brazo para llevarla por la puerta del jardín hasta el coche. Me miró sorprendida con la decisión con la que la cogía, al ver que yo la había sustituido en su papel dominante de la escena. Entró en el coche y observé sus piernas, delgadas, estilizadas. Llevaba un vestido blanco muy fino, transparente, de cuerpo entero. En la parte de arriba la tela se cruzaba dejando a la vista un suntuoso escote.
En el trayecto no me dirigió ni una sola palabra, fumaba continuamente, como exasperada y nerviosa, el aire que entraba por la ventanilla permitía liberar su rostro del pelo. Era muy atractiva, delgada, los pómulos marcados, grandes pestañas, ojos azules y nariz afilada. La observaba de reojo mientras conducía. De vez en cuando ella abría el bolso y miraba el teléfono, esperando alguna señal, imagino que de su marido preguntándole que donde estaba, pero al instante lo guardaba de nuevo, con fiereza, y su enojo parecía acrecentarse pues cerraba el bolso con brusquedad y resoplaba.

            Al llegar a la altura de su casa aparqué sin parar el motor esperando a que se bajara. Abrió la puerta y salió sin decirme nada cerrando la puerta con fuerza. Dio 4 pasos y se quedó parada. Yo la observaba, dejó los brazos caídos, en una mano el cigarrillo y en la otra el bolso sostenido con desdén. Se giró y vino de nuevo al coche. Se asomó por la ventanilla: -¿Quieres una copa?-. Me quedé mirándola a la cara. Ella esperaba mi respuesta mirando a su lado derecho, con prisa y desgana. Yo no sabía que contestar, pero algo me impulsó a parar el motor y salir del coche. Fui detrás de ella hasta la puerta de la casa. Caminaba muy sensual, cruzando los pies al caminar lo que hacía que su ligero vestido bailase insinuantemente con la ligera brisa nocturna que corría. Abrió la puerta y tiró las llaves al suelo. Yo me acomodé en el sofá del salón, sentado, con las rodillas juntas, las manos entrelazadas, mirando al suelo y haciendo un juego de apoyo talón empeine con los pies. Creo que fue el momento en el que estuve más nervioso desde que me encontré con aquella mujer.
Regresó junto a mí con dos vasos con hielo, abrió una botella de vodka y sirvió en ambos. El suyo se lo bebió de un trago, sin esperar a que el hielo enfriase aquella áspera bebida que a mí me provocó una mueca de desagrado al mojar mis labios. Me acarició el pelo y me hizo un gesto con la mano para que la acompañara. La seguí obnubilado.
Mientras ascendíamos por las escaleras hasta la planta superior su contoneo se acentuó, yo miraba sus caderas sin ser consciente de que el broche que cerraba el vestido desde la parte superior había sido abierto y que el vestido se estaba deslizando por su cuerpo hasta que en el último escalón quedó postrado. Me detuve sorprendido. Ella seguía caminando en ropa interior hasta el dormitorio, mientras yo me quedaba en las escaleras ensimismado en aquel vestido tirado. Tragué saliva y me dirigí hasta la estancia en la que ella me estaría esperando. Había una pequeña luz iluminando tenuemente la habitación y me quedé plantado en el quicio de la puerta. Ella estaba sentada en un pequeño sillón de piel blanco, apoyando una pierna en la cama para ayudarse a desprenderse de las medias blancas que cubrían sus piernas. Se deshizo de aquel trozo de seda despacio, suavemente, mirándome a la cara. -¿Te vas a quedar ahí mirando?, quítate la ropa- volvía a ordenarme. En un lapso de tiempo me quedé sin capacidad para reaccionar, no sabía si salir corriendo o seguir sus instrucciones. Comencé a desabrocharme la camisa torpemente mientras ella se tumbaba en la cama. Pude contemplarla tendida y en ningún momento podía pensar que aquella mujer tuviese cuarenta y cinco años.




Me despojé de la camisa y busqué un sitio donde ponerla, entonces ella se acomodó y sentada en la cama me hizo un gesto con el dedo para que fuese hacia ella. Me acerqué, me quitó la camisa de la mano y con la misma lentitud con la que ella se había desprendido de su ropa me desabrochó el pantalón y lo dejó caer hasta el suelo. Instintivamente posicioné mis manos en la parte delantera del calzoncillo, pálido, nervioso, como el reo que sabe cuál el próximo acto al sentarse en la silla eléctrica. Ella me miró, esbozó una ligera sonrisa y se desabrochó el sostén. Mi mirada quedó clavada instantáneamente en la suntuosidad de sus pechos, mi perplejidad permitió que mis calzoncillos fuesen desmontados en un segundo por sus manos.
De repente sentí la calidez de su boca y dos gotas de sudor resbalaban por mis sienes, un cosquilleo ascendía desde mi vientre hasta mi garganta y no transcurrió más de un minuto cuando me encontré desprendido de una parte de mí.
Eché bruscamente un paso atrás y salí corriendo de la habitación. Bajé las escaleras de tres en tres, con el corazón palpitando revolucionadamente y un nudo en la garganta. Fui a la cocina, metí la cabeza debajo del grifo y me empapé en agua. Vi cigarrillos y me encendí uno. Salí hacia el salón, cabizbajo, fumando largas caladas y mirando a mí alrededor sin saber que hacer. Me acerqué a la chimenea, junto a ella discurría un anaquel que albergaba fotografías. Aparecía esta mujer junto a un hombre y una niña pequeña en un yate, ella sola en la playa con un sombrero de paja, un hombre con una niña en un jardín. Parecía una sucesión cronológica de su vida y apreciaba que la niña se iba haciendo mayor en cada foto hasta que mis ojos se postraron en una instantánea que me era familiar. La niña rondaría los diecisiete años, cabellos largos y rubios, ojos marrones, piel morena. Estaba en la piscina posando con un bikini azul y unas gafas de sol de pasta blanca y cristales negros, expresando una dentadura perfecta en su sonrisa blanquecina. Cogí el retrato y anduve por el salón observándolo incrédulamente, sorprendido de quien era esa muchacha y sintiendo un gran fuego en mi interior al descubrir a Cristina en aquella fotografía. Una lágrima cayó en el cristal y la ceniza la acompañó embarrizando su rostro.


Dejé el retrato en una mesa compungido y miré al frente. A la derecha estaba la puerta de acceso a la casa y a la izquierda las escaleras que llevaban a la planta de arriba. No me hubiera importado salir corriendo desnudo hasta el coche, pero giré a la izquierda…